TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD
Trastornos de la personalidad
por
Gustavo M. Silva Fernandez
A continuación, presentaré los principales trastornos de la personalidad, de manera textual, que contempla el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), en la obra de Alfredo Fierro (comp.).
Grupo A: “extraños-excéntricos”
Los tres trastornos que se incluyen en este gripo (paranoide, esquizoide y esquizotípico) se caracterizan por rasgos tales como rareza, excentricidad, retraimiento social, aislamiento y suspicacia.
Trastorno paranoide de la personalidad
Los individuos con este tipo de trastornos son desconfiados y sospechan de las acciones que realizan los demás, atribuyendo habitualmente un significado malicioso a todas ellas. En general piensan, sin justificación o con escasa evidencia, que el resto de las personas tienen el propósito de ocasionarles algún daño (p. ej., conspirando contra ellos, ofendiéndoles). Desconfían de la lealtad de amigos o compañeros, lo que les conduce a estar constantemente pendientes de las acciones de estos y a considerar cualquier leve desviación respecto a sus expectativas como prueba definitiva de sus sospechas. Se muestran reticentes a confiar en los demás por temor a que la información que puedan dar (p. ej., de su vida personal) sea utilizada para perjudicarles. Asignan un valor negativo a comentarios o a acontecimientos sin importancia, tales como considerar como ataque una broma casual de un compañero de trabajo, o como crítica a su valía personal una oferta de ayuda. Les resulta muy difícil olvidarse de los insultos, ofensas o agravios, y mantienen durante mucho tiempo los sentimientos de rencor, ira, irritación u hostilidad. Debido a la hipervigilancia permanente de las intenciones de los demás, suelen percibir como ataques a su carácter o reputación comentarios, gestos o acciones que para los demás no lo serían, y reaccionan inmediatamente con ira ante el insulto percibido. Además, con frecuencia presentan celos patológicos, desconfiando y sospechando sin motivo alguno que su pareja les engaña.
Trastorno ezquizoide de la personalidad
El rasgo principal de este trastorno reside en la conducta de alejamiento de los contactos sociales y la capacidad restringida para la expresión de sentimientos en situaciones de interacción con otras personas. Estos sujetos están poco interesados en mantener relaciones estrechas con otras personas aunque existe ocasión para ello, ni se muestran satisfechos por el hecho de pertenecer a un núcleo familiar u otro grupo social. Son sujetos solitarios y aislados socialmente, que prefieren realizar actividades que no requieran la participación de otras personas. No les atrae las relaciones sexuales, ni, en general, disfrutan con ningún tipo de actividad. Tampoco tienen amigos íntimos o personas a las que pueda revelar intimidades a excepción de familiares de primer grado. Suelen recibir con indiferencia las alabanzas o críticas que puedan formular los demás. Generalmente se muestran emocionalmente fríos y con una afectividad restringida.
Trastorno esquizotípico de la personalidad
Los sujetos esquizotípicos se caracterizan por sus dificultades sociales e interpersonales vinculadas a una acusada incomodidad en estos contextos y una capacidad limitada para mantener relaciones con otras personas, así como por sus distorsiones cognitivas y perceptivas y su conducta extraña. Los déficit en el ámbito interpersonal se concretan en el enorme malestar que experimentan en la situaciones en que tienen que interactuar con otras personas, sobre todo desconocidas, malestar que se encuentra asociado a miedos de carácter paranoide más que a autovaloraciones negativas. Presentan una limitada capacidad para mantener relaciones estrechas con otras personas, careciendo de amigos íntimos o confidentes (exceptuando familiares cercanos). Las alteraciones cognitivas y perceptivas que presentan son: ideas de referencia (p. ej., atribuir un significado especial a un acontecimiento casual), creencia extrañas y pensamientos mágicos no explicables atendiendo al contexto sociocultural en el que se encuentra el sujeto (p. ej., supersticiones, creencias en la clarividencia, “sexto sentido”) y experiencias perceptivas poco usuales (p. ej., “oír” que alguien murmura su nombre). Su lenguaje también se encuentra afectado; puede ser, por ejemplo, vago, circunstancial, metafórico, sobreelaborado (o estereotipado) y presentar construcciones gramaticales extrañas. Además, estos sujetos suelen ser suspicaces y desconfían de las intenciones de los demás, su afectividad es inapropiada o se encuentra constreñida, y exhiben comportamientos excéntricos (p. ej., vestir de manera descuidada).
Grupo B: “dramáticos-emocionales-inestables”
Este conglomeraros de trastornos comprende las personalidades antisocial, límite, histriónica y narcisista. Los individuos con este tipo de desórdenes son exagerados, emotivos, variables, y suelen tener escasa capacidad para controlar los impulsos y para enfatizar con los demás. Las características cínicas específicas de cada trastorno son las que siguen.
Trastorno antisocial de la personalidad
El aspecto definitorio esencial de este trastorno consiste en la despreocupación y vulneración de los derechos esenciales de los demás y en que se evidencia antes de los 15 años. Su patrón de comportamiento se manifiesta en un fracaso en adaptarse a la normativa legal vigente en la sociedad, que se aprecia en múltiples actos delictivos en los que se implica (p. ej., robos, destrucción de la propiedad); tendencia a engañar, mentir y manipular a los demás con el fin de obtener beneficios personales (p. ej., conseguir dinero, poder, sexo); impulsividad (p. ej., falta de planificación de proyectos, tomar decisiones sin meditar las posibles consecuencias); sentimientos de irritabilidad y hostilidad que se traducen en actos agresivos (p. ej., peleas, malos tratos); indiferencia temeraria por su propia seguridad o por la de los demás (p. ej., conducción imprudente, prácticas sexuales de riesgo, consumo de drogas altamente perniciosas); comportamiento consistentemente irresponsable (p. ej., absentismo laboral injustificado, incumplimientos de compromisos económicos); y carencia de sentimientos de remordimiento por la consecuencia de los actos realizados, llegando a justificarlos, minimizarlos o mostrar indiferencia hacia ellos.
Trastorno límite de la personalidad
Las características básicas de este trastorno reside en la carencia de estabilidad de las relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad, así como en el acusado grado de impulsividad. En el ámbito interpersonal, el sujeto con este trastorno hace todo lo posible por evitar ser abandonado (sea el abandono real o no) y mantiene relaciones con los demás fluctuantes e intensas, oscilando el concepto que tiene de otras personas desde el extremo de la idealización hasta el polo de la desvalorización. En cuanto a su identidad personal, manifiesta una autoestima o sentido del self variable. A nivel emocional, suele mostrar oscilaciones de los afectos a consecuencia de la importante reactividad del estado de ánimo (p. ej., disforia episódica intensa); sentimiento continuados de vacío; e ira inapropiada, intensa o dificultad para controlarla (p. ej., manifestaciones de mal genio, explosiones verbales). En el plano conductual, se evidencian comportamientos impulsivos en diversos ámbitos (p. ej., gastos, relaciones sexuales, consumos de sustancias, conducción temeraria), así como conductas automutilantes o intentos de suicidio. Finalmente, también se detecta ideación paranoide o sintomatología disociativa aunque éstas suelen estar asociadas a episodios de estrés (p. ej., percepción de abandono).
Trastorno histriónico de la personalidad
La sintomatología de este trastorno implica, principalmente, una emocionalidad y una búsqueda de atención desmesurada que se expresa en la incomodidad que experimenta el sujeto en las situaciones en las que no es el centro de atención de los demás; utiliza el aspecto físico para atraer la atención sobre él; se comporta de manera inapropiadamente seductora o provocadora; sufre cambios repentinos y superficiales en la expresión de sus emociones; manifiesta éstas en términos exagerados, dramáticos o teatrales (p. ej., demostraciones afectivas exageradas con personas que conoce poco, lloros descontrolados por cuestiones afectivas menores); tiene una forma de hablar impresionista, subjetiva y carente de detalles; es muy sugestionable y se deja influenciar fácilmente por los demás; y, por último, considera las relaciones con los demás como más íntimas de lo que realmente son (p. ej., trato amigable claramente inapropiado con personas que conoce poco).
Trastorno narcisista de la personalidad
Las personas narcisistas se caracterizan por la grandiosidad, la necesidad de ser admiradas y la incapacidad de empatizar con los demás. Los sujetos sobrevaloran su valía personal en cuanto a sus capacidades, cualidades, logros, etc., o cualquier otra faceta, lo que con frecuencia les conduce a jactarse de ello y a sentirse heridos cuando no se reconoce su valía en los términos en que ellos esperan. Se encuentran preocupados por fantasías de éxito, poder, brillantes, belleza, etc. Se consideran superiores, únicos, especiales y esperan que los demás les traten en consonancia con su situación. Esto les lleva, por ejemplo, a pensar que sólo pueden relacionarse o ser comprendidos por personas de su mismo estatus. Demandan en demasía elogios y admiración. Esperan recibir un trato especial, por lo que pueden pensar que sus necesidades tienen prioridad sobre la de los demás. Presentan una propensión a aprovecharse de otras personas para satisfacer sus deseos. Carecen de la capacidad de empatizar y les resulta extremadamente difícil darse cuenta de los sentimientos, deseos o necesidades de otras personas. Envidian los éxitos, pertenencias, etc., de los demás, creyendo asimismo que son envidiados. Exhiben actitudes y conductas arrogantes, desdeñosas y altaneras.
Grupo C: “ansiosos-temerosos”
Los individuos con estos trastornos son ansiosos, temerosos y muestran una conducta perfeccionista. Se agrupan en este apartado los trastornos de la personalidad por evitación, dependencia y obsesivo-compulsivo.
Trastorno de la personalidad por evitación
El paciente con este trastorno presenta conductas de inhibición en situaciones de interacción social, sentimientos de inadecuación y sensibilidad excesiva a los juicios negativos que puedan hacer los demás sobre él. Esto conduce al sujeto a hacer todo lo posible para no tener que realizar actividades que supongan relacionarse con otras personas por miedo a ser criticados o rechazados. Se muestra reticente a inmiscuirse en relaciones con otros, a no ser que esté seguro de ser aceptado. Le resulta difícil abrirse a los demás por temor a sentirse avergonzado o ridiculizado. Es extremadamente sensible a la desaprobación en contextos interpersonales y puede sentirse herido por cualquier leve crítica. Debidos a sus sentimientos de inferioridad y a su temor al rechazo, se muestra tímido, retraído e inhibido en situaciones sociales novedosas, sobretodo con personas desconocidas. Tiene una visión negativa de sí mismo en cuanto a que se considera una persona inferior a los demás, socialmente inepto y poco interesante. Es reticente a implicarse en actividades que supongan poder verse en apuros (p. ej., asistir a una reunió de trabajo sin vestir correctamente).
Trastorno de la personalidad por dependencia
Este trastorno reúne, como aspectos definitorios, la necesidad generalizada y desmesurada de ser cuidado y que da lugar a una conducta de sumisión, apego y miedo a poder perder el apoyo y protección de los demás. Al sujeto le resulta extremadamente complejo tomar decisiones cotidianas (p. ej., elegir la ropa que se va a poner) sin el consejo de otras personas. Permite que los demás adopten las decisiones y asuman responsabilidades en áreas importantes de su vida. Así puede dejar en manos de otros cuestiones tan personales como elegir el trabajo que tiene que desempeñar o los amigos con los que tiene que salir. Cuando discrepa de las opiniones de los demás, suele ocultar los sentimientos de desacuerdo por temor a ser abandonado. Le resulta muy difícil planificar actividades o hacer las cosas por sí mismo, puesto que no confía en sus propios recursos personales. Su deseo de apoyo de los demás, puede llegar al extremo de realizar tareas desagradables, incluso soportar malos tratos, si esto le permite conservar las atenciones de los demás que cree precisar. Experimenta sentimientos de incomodidad y desamparo cuando se encuentra sólo, debido al temor de ser incapaz de cuidar de sí mismo. Su dependencia también se traduce en que cuando finaliza una relación importante, busca sin demora otra persona que puede ocupar el lugar de la anterior y que le ofrezca el apoyo que necesita. Se preocupa, sin justificación, por el miedo a ser abandonado y tener que hacerse cargo del cuidado de sí mismo.
Bibliografía
Fierro, Alfredo. (1996) Manual de psicología de la personalidad. Buenos Aires: Paidos.
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