EL INSTINTO HUMANO
El instinto humano
por
Gustavo M. Silva Fernandez
En esta ocasión quisiera compartir con ustedes un breve análisis acerca de aquello que llamamos instinto.
¿Es posible plantear y defender la existencia de instintos en el ser humano? Si bien muchos autores hablan de “instinto” —por ejemplo Nietzsche, Freud, Foucault etc.—, considero, por lo contrario, la postura que rechaza esta existencia. En primer lugar, Ortega y Gasset ya nos hablaba que el ser humano se maneja con otras facultades como son el juicio y la voluntad. En segundo lugar, no podemos contar con el “instinto de supervivencia” o conservación, ya que es fácilmente refutable: el hombre puede renunciar a vivir y elegir morir. En tercer lugar: el “instinto materno”, este ejemplo también lo considero como otro mito, pues incontables son los casos de madres que abandonan a sus hijas o hijos. Sea por diversas causas, el hecho de considerar que el ser humano está constituido por instintos tendría que evitar estas conductas. El hecho que personas elijan morir a vivir o a abandonar a un hijo son pequeñas pero innegables pruebas de la inexistencia del instinto humano.
Si considero que existan reflejos, como por ejemplo llorar y reír. Excluyo de este par el mamar por las siguientes razones: el bebé puede aprender por ensayo-error la mecánica de la succión y luego, por condicionamiento, repetir la acción.
El hecho que autores como Freud hablaran de “instinto” lo entiendo más del lado de un paradigma que se concordaba y seguía, si Freud —como Nietzsche o Foucault— viviera actualmente estoy seguro que se replantearía ese término.
Ahora, teniendo en cuenta el análisis del término “instinto” como palabra naturalizada (de la misma manera como analizamos los términos de “alumno” y “normal”), vemos como después del pasaje del feudalismo al capitalismo y de la revolución industrial, como este término naturalizado desde la escuela y terminado de solidificar en el proceso de trabajo, puede ser utilizado con el fin de hacer pasar por natural, como instinto, el hecho de la propiedad privada, la individualidad y el sometimiento de la opresión del proceso de trabajo.
Desde algunos humanos para el resto, se ha constituido y construido todo un dispositivo naturalizador y cristalizador (además de represivo), cuyo fin no es otro que domesticar nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestros inconscientes, y subrayo inconscientes pues no existe arma más perfecta que aquella que “deposita” en nuestra inconsciencia los paquetes unidimensionalizantes de los deseos ajenos, aquellos de los opresores: este dispositivo no es otro que la escuela. Pero desde aquí se pueden formar microespacios de resistencia para luchar por ese pensamiento diferente (como lo hemos llamado anteriormente), por una liberación emancipatoria.
Santiago, 6 de febrero del 2010
Bibliografía:
Ortega y Gasset, José. Meditación de la técnica. Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente. 7ma. edición.
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