EL HOMBRE HUMÁNICO

Publicado en por IMAGO

El hombre humánico

 

 

 

 

por

Gustavo M. Silva Fernandez

 

 

 

 

           

            De nuevo aquí en el análisis de la “normalidad”, sólo que en esta ocasión no serán apuntes propios o escritos de Freire o Foucault, sino de otro autor que considero tan fundamental como los anteriores, es el caso de Carlos Skliar. Hoy nos proponemos a analizar los aportes de su obra ¿Y si el otro no estuviera ahí?, escrito fundamental para seguir pensando en esta cuestión.

            Para lograr comprender la “anormalidad” (eje central del capítulo que tomamos), primero, es indispensable que atendamos a la cuestión del “otro” ya que este es negado en el accionar de la “anormalidad”. Según Skliar, hay un otro que ha sido ―y todavía es― inventado, producido, fabricado, (re)conocido, mirado, representado e institucionalmente dirigido en términos de aquello que podríamos definir como un otro “deficiente”, de una alteridad (de lo alternativo) “deficiente” o lisa y llanamente, un otro “anormal” (Skliar, 2004: 115).

            Otro cuyo cuerpo, psiquis, comportamiento, aprendizaje, atención, etc., parece representar al terror absoluto por su incompletud, por su incongruencia, ambivalencia, desorden, imperfección… Un otro donde cada una de sus partes y cuyo todo se han vuelto objeto de una obscena y caritativa curiosidad, de una inagotable morbosidad y, nosotros podríamos agregar, un otro cuya exposición tanto física (TV) como virtual (Internet) lo ha vuelto el objeto de todas las miradas en esta sociedad HD. Otro sobre el cual hubo que colocase un microscopio, no sólo medicalizado, es decir, en el sentido médico, sino también en el sentido vigilador, vigilador de aquel cuerpo de la alteridad (Skliar, 2004: 116).

            Entonces, luego de esto se entenderá cuando decimos que la deficiencia está relacionada con la idea de la “normalidad” y con su historicidad. “La palabra ‘normal’ como construcción, conformación de lo no desviante o forma diferente; el tipo común o standard, regular, usual sólo aparece en lengua inglesa hacia 1840. La palabra norma, en su sentido más moderno, de orden y de conciencia de orden, ha sido utilizada recién desde 1855, y ‘normalidad’, ‘normalización’ aparecen en 1849 y 1857, respectivamente”.  La “norma” es una palabra latina que deriva del griegos ópoos, prefijo que dio origen a términos como: ortografía, ortopedia, ortodoxia, etc. “Norma”: significado latino que demarca un arte de seguir preceptos y de corregir errores (Skliar, 2004: 128, 129).

            Las normas y los valores conforman el punto de partida de los discursos, de las prácticas y de la organización de las instituciones de educación especial. Estas normas y estos valores son volcados en los cuerpos y en las mentes ―Bleger no dirima “mente” sino fenómenos mentales―, “auto-suficiente”, “completos”, “bellos” y disciplinados de forma implícita, invisible, y como bien dice Skliar, es ese carácter de invisibilidad lo que la hace incuestionable (Skliar, 2004: 123).

            Las normas son el resultado de una larga historia de invenciones, la norma también ha sido inventada diría Nietzsche. Eso es lo que es…, una larga historia, un simple juego de ficciones de roles como dice Skliar, una simulación del otro. La “normalidad” y el cuerpo “normal” han sido construidos para crear el problema del otro deficiente. Inventamos los medicamentos, entonces inventamos a los enfermos, creamos las prisiones para otra creación: los prisioneros (Skliar, 2004: 128).

            Lo ideal. La noción de ideal no representa algo de este mundo, en otras palabras, no está en este mundo, por supuesto, lo ideal es otra creación, la creación de la figura ideal, del cuerpo ideal. Y cuando una cultura pretende seguir una forma ideal de cuerpo (por ejemplo), Skliar afirma que todos los sujetos, absolutamente todos permanecen alrededor de ese ideal “ni por encima, ni por abajo, ni en el medio: alrededor” (Skliar, 2004: 131), ya pues, el ideal no es humano ni corresponde a este mundo. El contraste de lo ideal es lo grotesco, lo grotesco como una forma visual que supone que todos los cuerpos humanos son no-ideales, no-divinos, no-bellos.

            Es entonces cuando pienso al hombre como un ser humánico. Este es un neologismo conformado por las palabras “humano” y “único”. Es decir, luego de todo lo anterior explicado, podemos pensar al humano como hombre único, esta cuestión de uniformidad la heredamos de la concepción de lo “normal”, es decir, en esta concepción, lo único como lo autentico, lo “normal” como lo único que debe ser, por lo tanto, lo diferente como lo deficiente, el hombre único como hombre “normal”, no deficiente, no distinto, sino homogéneo, uniforme, lo único es lo “normal”, es la norma, lo único es todo lo que debe ser “normal”.

 

 

   

 

Bibliografía:

 

Skliar, Carlos. (2004) ¿Y si el otro no estuviera ahí? Ediciones “Marina Vilte”.   

 

 

 

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