Para la emancipación transformadora
Para la emancipación transformadora
por
Gustavo Matías Silva Fernandez
Ya Joseph Jacotot había hecho notar en el siglo XIX el papel emancipador del educador y roto con la concepción del aprendizaje y la inteligencia conservadores pues: “aprender cualquier cosa y relacionar todo el resto con ella, según este principio: todos los hombres tienen la misma inteligencia” (Rancière: 34). Este es el principio de la enseñanza universal nombrada así por Jacotot, una enseñanza que entendió no vería diferencia entre educandos y educadores, pues él creía que no existe persona alguna que nunca haya aprendido algo por sí mismo y sin maestro explicador.
Y hoy nos encontramos en un “orden” social donde la realidad opresora nos violenta, explota, domestica, etc., y como consecuencia logra que los oprimidos no sólo introyecten la “sombra” de quién los oprime sino que estos amen a la muerte, es decir, en la realidad concreta, el opresor en su accionar deshumanizador inmersa dentro de los oprimidos la autodesvalorización lo que conduce a los oprimidos a convencerse de su incapacidad y en tanto que convencidos de ello pierden las fuerza de creer en sí mismos (Freire).
Y de esta manera nacen los individuos necrófilos. La opresión, en tanto que necrófila se nutre del amor a la muerte y no del amor a la vida. La concepción “bancaria” (también necrófila) como el instrumento por excelencia de los opresores para formar, domesticar, atar y someter a los “sujetos” al “orden” social ideal para continuar con su modelo y visión del mundo (necrófila) (Fromm, Freire). Y gracias al aparato escolar, no sólo nuestra conducta se ve condicionada debido a los medios de buen encauzamiento (Foucault) como la vigilancia jerarquizada, la sanción normalizadota y el examen. El cuerpo es ahora un elemento más al servicio de esta maquinaria, es paciente (hospitales), se puede colocar, mover, articular sobre otros, etc.
Entonces, vemos como al reprimir al pensamiento auténtico (Freire) nos vamos alejando de nuestro imaginario motor (Frigerio), de nuestra liberta de (Fromm): estas como la posibilidad de moverse, de pensar críticamente, de poner en cuestión la costumbre. Todo esto se ve acorralado por la racionalización, es decir, la racionalización como lo contrario a la racionalidad, como contrario al pensamiento genuino o auténtico. A diferencia de la racionalidad que está abierta a la duda, la racionalización está al servicio del “encorsetamiento” de la razón, en otras palabras, termina encerrando a la razón y al deseo (Freire, Fromm); en donde Marcuse nos explicaría que esto es la domesticación del deseo, reducir la fuerza del deseo. De aquí que en el anterior escrito haya dicho “domestican nuestro deseo para que sea el deseo del otro”, pues para amar lo que otros aman, para querer lo que otros quieren (Marcuse).
Descarnadamente se aleja a los oprimidos de la verdadera vocación del ser humano: del ser más, de libertad de, del imaginario motor, del pensamiento auténtico, de la libertad, del hombre nuevo, de la subjetividad, del pensar dialéctico y crítico, del creer en sí mismos, de una educación problematizadora… de la humanidad. ¿Y contra qué se enfrentan los oprimidos? Contra el ser menos, la falsa generosidad, la adherencia, la prescripción, la adaptación, la conciencia del señor, la cosificación, la inmersión, la racionalización, la violencia, la explotación, la conciencia necrófila, el fatalismo, la docilidad, la autodesvalorización, la domesticación, la “incapacidad”, el “bancarismo”, la alienación, la disciplina, la norma, la sanción, la observación, el control, la dominación, aislamiento, el imaginario fullero, las “formas”, los “moldes”, una anatomía, arquitectura, mecánica y economía del cuerpo disciplinado y dócil, la normalidad, una microfísica del poder, una micropenalidad del tiempo, de la actividad, de la manera de ser, de la palabra, del cuerpo y de la sexualidad, las falsas necesidades, el totalitarismo, la unidimencionalidad, el currículum, el “marketing”… la deshumanización (Deleuze, Foucault, Freire, Frigerio, Fromm, Marcuse, Tadeu da Silva).
Tal es el refinamiento y sutileza con la que los opresores se manejan que hoy la alienación por carencia no es la única, también nos encontramos con una indiferencia (alienación por exceso) (Lipovetsky). Tan profundo se ha hecho en nuestra carne este sistema y esta realidad que caemos en la costumbre (imposibilidad de criticar), la “sombra” opresora se ha pasado de generación en generación dificultando el camino de la crítica. La escuela, el hospital, el ejército y la prisión no podrían haber sido tan eficaces sin una institución que recibiera esta disciplina las cobijara y defendiera: me refiero a la familia de tipo burguesa. Esta se comienza a formar en el siglo XVIII y por supuesto está al servicio de la preservación y reproducción del sistema capitalista.
Gracias a estos fundamentales aportes podemos comenzar el camino a la emancipación, pero como dijo Freire: “nadie libera a nadie y nadie se libera sólo”, todos debemos tomar responsabilidad aunque sea pequeña, romper con la cosificación necrófila y abrazar nuestro ser más para recuperar así nuestra humanidad perdida.
Bibliografía:
Deleuze, Gilles. (1991) “Posdata sobre las sociedades de control”. En: Ferrer, C. (comp.) El lenguaje literario. T 2 Montevideo: Nordan.
Foucault, Michel. (2006) “Disciplina”. En: Vigilar y castigar. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
Freire, Paulo. (2002) Pedagogía del oprimido. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Ediciones. Cap. I y II.
Frigerio, G. (2007) “Inventarios. Argumentos para ampliar lo pensable”. En: Baquero, R., Diker, G. y Frigerio, G. (comp.) Las formas de lo escolar. Buenos Aires: Del estante editorial
Fromm, Erich. (1980) Cap. IV “Los dos aspectos de la libertad para el hombre moderno”. En: El miedo a la libertad. Buenos Aires: Padiós.
Lipovetsky, Gilles. (1999) La era del vacío. Barcelona: Editorial Anagrama.
Marcuse, Herbert. (1997) “Las nuevas formas de control”. En: El hombre unidimensional. Buenos Aires: Planeta-Agostini.
Rancière, Jacques. (2007) El maestro ignorante. Libros del Zorzal. Buenos Aires.
Tadeu da Silva, T. (2001) Espacios de identidad. Nuevas visiones sobre el currículum. Barcelona: Octaedro. Cap. IV.