LA ESCLAVITUD VIRTUAL
La esclavitud virtual
por
Gustavo M. Silva Fernandez
¿Hasta qué punto Internet y las computadoras nos sirven como herramientas para expandirnos? ¿O será que nosotros somos las herramientas para la expansión de Internet y las computadoras? ¿Hasta qué punto quién explota a quién?
Estas reflexiones me surgen al ver como las personas, realmente, caminan a una esclavitud virtual, pues una sola persona puede convertirse en usuario de “Hotmail”, “Meetyourmessenger”, “Hi5”, “Fadebook”, “Tweter”, “Yahoo”, “Fotolog”, etc. Todas estas páginas tienen la característica de ser espacios donde las personas comparten opiniones, cuentas y dan datos personales.
Ya el poder no sólo es físico, como afirmaba Foucault, Freire, Deleuze, etc., sino que ahora nos encontramos con un ente que disfrazado tras muchas máscaras se está convirtiendo en amo y señor de las personas (si es que ya no lo ha hecho). Me refiero a un poder digital, a una esclavitud silenciosa e inconsciente. Y lo que es aun peor, al asociarse a una página no sólo nos convertimos en un engranaje más de una corporación a la cual colaboramos (pues ellos ganan dinero con cada visita), sino que caemos engañados bajo la fachada de la “privacidad”, no nos damos cuenta que los operadores de la multinacional pueden ver y leer todo lo que mandemos, tengamos o recibamos. ¿Por qué? Porque ellos son nuestros amos y señores, ellos diseñaron el espacio y ellos pueden cerrarlo. Una de suerte de Dios digital.
Terminamos por ser cómplices de nuestra propia esclavitud: los opresores, como decía Freire, buscan la manera más eficaz para esclavizar a los oprimidos. Hoy, el poder digital se verticaliza desde entidades también digitales, pues nunca veremos o siquiera llegaremos a hablar con ellas. Es de fundamental importancia que esto se piense para evitar más esclavitud y alertar que sin darnos cuenta estamos cavando, cada día más rápido, nuestra propia tumba física o virtual.
Santiago, 11 de febrero del 2010
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