El PARADIGMA DE LA DIFERENCIA
El paradigma de la diferencia
por
Gustavo M. Silva Fernandez
En estas breves palabras quisiera hablar de un par de conceptos y de esta manera agregarlo a nuestros esquemas referenciales, “conjunto de experiencias, conocimientos y afectos con los que el individuo piensa y actúa” (Bleger).
Nuestro enjuiciamiento de la “normalidad” (Skliar) nos lleva en esta ocasión a revisar los paradigmas del déficit y de la diferencia, los cuales tomaremos del texto de Andrea S. Anzar, ¿Son o se hacen? En rasgos generales el texto es “discutible”, si bien se presentan estos paradigmas los cuales nos pueden ser útiles al momento de movernos por las ideas y en la misma vida cotidiana, no encuentro allí el cuestionamiento definitivo al término “discapacitado”.
El hablar de “discapacidad”, afirmándola, es decir, no cuestionándola, supone situarse desde una óptica a nuestro parecer “normalizadora”. Al pronunciar este término estamos invocando inmediatamente a su contrario, es decir al “capacitado”. Esta, otra palabra naturalizada, no deja entrever que la sociedad es la que “discapacita” y en particular, debemos hablar de que es la sociedad capitalista la que estigmatiza a los seres humanos categorizándolos como “discapacitados”. (¿Seres humanos? ¿Podríamos hablar de seres humanos bajo esta denominación?, en otras palabras, ¿son considerados seres humanos los así denominados “deficientes” o “anormales”?).
El paradigma del déficit considera al otro en la falta, configurándose así una relación unidireccional entre aquel “discapacitado” y aquel que si lo es. Bajo un modelo médico, este paradigma ve a la “discapacidad” como algo que debe ser curado, que deber ser tratado. Este paradigma es funcional para un tipo de sociedad que considera la comparación cuantitativa a un patrón o modelo sancionado como “normal”. “La normalidad se establece de diferentes modos: como mayoría, como convención, o como modelo enunciado por la autoridad (médica, religiosa o legal)” (Anzar, 2008: 22).
Por otro lado, el paradigma de la diferencia consiste en un diálogo entre dos seres humanos. Aquí no se cosifica, ni se objetiviza, es un proceso activo y dialéctico que no está predeterminado, pues se re-conoce y se considera la identidad del otro, su subjetividad, su singularidad.
En una sociedad “normal” la alteridad muere en el olvido. Las palabras que griten a lo diferente son “anormales” y caen en un mar de indiferencia. Romper las ataduras de un mundo que respira un paradigma necrófilo significaría el fin de una era...
Bibliografía:
Anzar, Andrea S. (2008) ¿Son o se hacen? Buenos Aires: Novedoc
Bleger, José. (2007) Temas de psicología. Buenos Aires: Nueva Visión.
Skliar, Carlos. (2002) ¿Y si el otro no estuviera ahí? Argentina: Miño y Dávila.
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