PEDAGOGÍA PSICOANALÍTICA

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Pedagogía psicoanalítica

 

 

 

por

Gustavo M. Silva Fernandez

 

 

 

 

     En esta ocasión analizaré un capítulo de la obra de Anna Freud llamado “Relaciones entre el psicoanálisis y la pedagogía” de su libro Introducción al psicoanálisis para educadores. Rescato la gran importancia que tiene esta obra pues no abunda en la bibliografía psicoanalítica (de la mano de sus principales autores) texto referidos a la educación.

     En primer lugar, Anna Freud comienza su exposición aclarando tres puntos de vistas clave para el psicoanálisis (también a modo de resumen de los tres anteriores capítulos):

 

1. La división cronológica. Según nos explica Anna Freud, el psicoanálisis distingue en la vida del niño tres períodos: la temprana infancia, comprendida aproximadamente hasta los 5 años; el período de latencia, que se extiende hasta el comienzo de la pubertad, es decir al término de los 11 a 13 años; y la pubertad que termina en la adultez. En cada uno de estos períodos los niños y niñas manifiestan una determinada actitud afectiva hacia los seres de su ambiente y una determinada fase de la evolución instintiva (el instinto es un concepto que ya analizamos en artículos anteriores, sólo lo usamos aquí para siguir a la autora). “Por consiguiente, la valoración de una particular o modalidad reactiva del niño siempre dependerá del período en el cual éste se halle” (Freud, A., 1958: 67).

 

2. La estructura interna de la personalidad infantil. Esto apunta al carácter tripartito de la naturaleza infantil: una vida instintiva, junto al yo y al superyó, este último como heredero de las relaciones paterno-filiales. Es por ello que Anna Freud hace un comentario dirigido a los maestros en donde les pregunta si estos se imaginaron a los niños como seres unitarios y homogéneos. Esto, precisamente lo pregunta para aclarar lo antagónico del carácter de los niños, la discrepancia entre su querer y su poder y la disparidad entre sus propósitos y sus actos.

 

3. Las fuerzas en pugna de la personalidad infantil. Las distintas fuerzas que se movilizan entre los sectores de la personalidad desembocan en duelos, cuya resolución dependerá de las fuerzas relativas de las distintas pulsiones, en otras palabras, la cantidad de libido (según Hall, es la forma de energía utilizada por los instintos vitales, según Laplanche, es la energía que actúa como sustrato de las transformaciones de la pulsión sexual en cuanto al objeto, en cuanto al fin y en cuanto a la fuente de excitación sexual) a disposición del deseo instintivo a diferencia de la energía represora estimulada por el superyó.

 

     Según nos cuenta Anna Freud, el psicoanálisis detecta en la pedagogía cierto peligro en ella, analicemos esta cuestión. Aquí Anna Freud se anticipa a Pedagogía de oprimido, Vigilar y castigar etc., pues el texto originalmente es de 1948, y plantea muchas cuestiones que hemos venido analizando nosotros; aquí expone que es la escuela la que obliga a los niños y niñas a adaptarse y cumplir los requerimientos se su ambiente adulto, obliga a que se adapten a las personas amadas y temidas para superar sus primeras vinculaciones y algo que es de fundamental importancia, en el trascurso del tiempo “se libera de esa influencia exterior, mas sólo para erigir en su interior, reproduciendo a esas personas, una instancia que perpetua su influencia en la intimidad ” (Freud, Anna, 1958: 69). Esta frase es simplemente increíble y totalmente actual. Aquí nos explica que la persona se “libera” de aquella influencia que la escuela le ejerce, pero, en contra partida, queda moldeado su inconsciente y por ello la influencia es perpetua e interna, el inconsciente queda moldeado para que responda a los intereses a los cuales la escuela prepara. Y justamente aquí nos encontramos con lo peligroso, este advenimiento del mundo externo a la intimidad, en donde las prohibiciones de los educadores adquieren un carácter rígido e inmutable. “De algo vivo y animado, conviértensen en un sedimento histórico, incapaz de seguir adaptándose a las progresivas modificaciones externas” (Freud, Anna, 1958: 69).

     Algo importante a destacar es la postura crítica que adopta Anna Freud con respecto a la pedagogía (por supuesto refiriéndose a una pedagogía de corte tradicional). Esto se ve en unos ejemplos dados (que no los veremos aquí por la extensión), en donde la pedagogía interviene solucionando los conflictos que aquellos niños tenían, pero que más adelante, en su adolescencia o adultez, manifiestan los efectos traumatizantes de una pedagogía opresora y represora del deseo. Algo similar con lo ocurrido con la nefasta intervención de la lobotomía prefrontal, operación que garantizaba la desaparición total de determinados síntomas y que en tan sólo una hora el paciente podía retirarse en óptimas condiciones. Lamentablemente años posteriores dejaron ver las consecuencias de una operación que consistía en “escarbar” el lóbulo frontal con una espacie de picahielo. Para destacar son los siguientes comentarios: “la pedagogía equivale, poco más o menos, a matar gorriones a cañonazos”; “evitando así condenarlos —refiriéndose a los niños y niñas— de antemano a semejante mutilación de la personalidad” (Freud, Anna, 1958: 72).

     Para finalizar, daré los tres aportes que el psicoanálisis brinda a la pedagogía: 1. contribuye a la crítica de las normas existentes, 2. amplia el conocimiento que el pedagogo tiene del hombre y agudiza su entendimiento de las complejas relaciones entre los niños y los adultos que lo educan y 3., en tanto que método terapéutico, procura remediar todos los daños que éste pueda haber sufrido en el curso de su educación (Freud, Anna, 1958: 76).

 

 

 

Bibliografía

 

Freud, Anna. (1958) Introducción al psicoanálisis para educadores. Buenos Aires: Paidos. 

Hall, Calvin S. (1976) Compendio de psicología freudiana. Buenos Aires: Paidos.

Laplanche, Jean y Pontalis Jean-Bertrand. (1983) Diccionario de psicoanálisis. Barcelona: Editorial Labor.

 

 

 

 

 

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